La duración del matrimonio se ha reducido notablemente los últimos años

Si bien las estadísticas, suministradas por Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INEC), reportan que para el año 2017 el número de matrimonios consumados en Ecuador aumentó a 60.353 con respecto a los 57.538 del año anterior, también el número de separaciones lo ha hecho, pasando de 25.648 divorcios en el año 2016 a 28.771 divorcios en el año 2017. Viendo desde un punto de vista holístico estas estadísticas, resulta fácil inferir que el número de matrimonios se ha incrementado al mismo ritmo que los divorcios, por lo tanto, la duración de los matrimonios ecuatorianos se ha reducido notablemente. Cabe destacar que esto no sólo ha sucedido con las estadísticas de 2017; mismo análisis podemos aplicar a las estadísticas de 2016, 2015 y 2014, por lo que el acortamiento de la vida de los matrimonios no es una cosa precisamente nueva y lleva sucediendo durante los últimos años.

¿A qué se debe esa falta de estabilidad marital en los ecuatorianos? Primero que nada, aclarar que esto no sólo está sucediendo en el Ecuador; todos los países del mundo están experimentando esta volatilidad de las relaciones interpersonales y muy pocos países quedan exentos de ella. Por citar un ejemplo, en España, mi amigo Carlos, trabajador de Cerrajeros , me relata con preocupación que en los últimos 3 años se ha casado dos veces y al día de hoy está soltero.

Respondiendo a la pregunta en concreto, realmente creo que uno de los principales factores es la rapidez con la que se vive hoy en día. Me explico: el formato que presentan y que ha seducido a todo el mundo las redes sociales, es un formato que solamente exige al usuario tomarse una ínfima porción de su tiempo para disfrutar del placer de un acto o ente, por lo que al gozar de uno de estos pasamos enseguida al otro y luego al otro y así consecutivamente. Leer historias de Facebook, Instagram o Twitter es muy rápido, se digiere fácil y le da al usuario justo lo que necesita en ese momento: contenido superficial estimulador de emociones. Es por ello que para la humanidad actual leer libros no es una práctica habitual, pues estos son todo lo contrario a las redes sociales.

Las redes sociales son alta velocidad, mientras que los libros son baja velocidad. La baja velocidad te hace tomarte el tiempo correcto para apreciar las cosas y descubrir su valor verdadero, mientras que la alta velocidad solamente te incita a pasar de una cosa a otra de inmediato, sin apreciar lo que realmente son, sólo digiriendo el contenido superficial.

Si trazamos un paralelismo y extrapolamos lo dicho con las relaciones conyugales, es evidente que las redes sociales han influido enormemente en el sentir de la humanidad actual. Tanto los hombres como las mujeres sólo buscan emociones fuertes y se casan sin pensarlo para vivir el espectáculo del momento. Cuando esto se consuma y solo queda el vivir cotidiano; de hogar y en familia. Paulatinamente se pierde toda la emoción y las parejas ya se quieren ir a vivir otro espectáculo. Volviéndose así un ciclo matrimonial que parece ser la efigie de las redes sociales.